jueves, 12 de noviembre de 2015

ENTRE LA NADA Y LA VIDA. Autora: Gloria Cruz Moreno


                   


EL ESCEPTICISMO DESDE DENTRO 

Entre la nada y la vida es un libro escrito por Gloria Cruz, que desde el principio me causo una gran sorpresa, al ver reflejada la sociedad en que vive nuestra generación. El bienestar espiritual es un objeto de consumo como lo es el bienestar físico. La demanda de "paz interior, serenidad, armonía" es enorme y la oferta variadísima. Que algo sea verdad o no, parece no tener relevancia alguna. 

En los años de colegio y bachillerato nos enseñaron que todas las opiniones eran respetables, aunque se hablara de la Edad Media y fuera la primera vez que se trataba. Todo daba pie para el "debate"  aunque no se aprendiera nada. Lo importante es el diálogo y hacer amigos, que para eso sirve el colegio, más que para aprender contenidos académicos. Había que copiar una afirmación admitida como falsa, pero emitida por una compañera para así fomentar el diálogo y el compañerismo. 

Hoy existe el universal empeño de que estemos a gusto, "lo importante es que lo paséis bien". La autora nos muestra la caricatura de bondad que se ha extendido y que descuida la conciencia, a la verdad se antepone la búsqueda de consenso, el deseo de evitar contrariedades, una vida tranquila, la buena fama, la bondadosidad. "Si los mitos están ya preparados por nosotros, y los elegimos según nuestras necesidades, entonces no tienen ninguna fuerza" (La sal de la tierra). En nuestro mundo autosuficiente nada puede ser grandioso, todo ha de caer atrapado en el foso de lo explicable, lo domesticado, lo reductible; las emociones auténticas están prohibidas. Nada se puede ver desde dentro: todo hay que verlo desde arriba. Una vez liquidado todo lo sublime a base de anécdotas socioeconómicas, solo quedaba el yo, dice la autora. Pero el mundo estaba tan horrendamente vacío para ella, que no le aportaba ningún contenido al hambriento yo.

Su historia acaba bien, Gloria Cruz nos cuenta cómo ha superado la banalidad de tantos aspectos serios de la vida. Destaca la guía y el estímulo que han supuesto para ella la vida y doctrina de los dos últimos Papas. 

*DISPONIBLE EN BIBLIOTECA DEL INFANTIL. (ALTAIR)

sábado, 17 de octubre de 2015

Clases de filosofía en ALTAIR


Martes, 20 de octubre a las 3.45h
Aulas de Infantil, Colegio Altair (Sevilla)
Imparte: D. Jesús Súnico

En este curso que comienza nos centraremos en la antropología: los enfoques antropológicos más usuales están ceñidos en exceso, o bien al cuerpo humano (antropología física), o bien sobre la cultura  que el hombre produce o puede producir (antropología cultural), o al alma y sus potencias (antropología racional o filosófica), pero no a la persona (a esta antropología se le puede llamar trascendental); lo que caracteriza al corazón o intimidad de las personas. 

La Persona humana no se reduce a la naturaleza humana. Es decir, la persona no equivale a ser hombre y mujer, sino que tener una naturaleza masculina o femenina pertenece a la persona. Todo hombre es persona y sabe que lo es, aunque lamentablemente no todo hombre se encamina a la búsqueda de su propio sentido personal.

Como vimos el curso pasado, alma es sinónimo de vida. El alma es lo que constituye a un organismo. La vida natural humana es el vivificador del alma al cuerpo, y lo vivifica temporalmente, pues su tarea termina (de momento) con la muerte. La vida personal humana, en cambio, es la vida espiritual, la de cada persona humana que dispone de aquellas facultades y funciones de la vida natural. La vida personal de cada quién activa la vida intelectual de nuestras potencias superiores inmateriales (inteligencia y voluntad) y que, aunque vinculada a la vida natural, no depende de ella para su crecimiento. 

En suma: lo común a los hombres es la naturaleza humana. Lo distinto, la persona. Como iremos viendo los rasgos que caracterizan a toda persona son,: co-existencia, libertad, conocer y amar. 

 ¿Qué interesante,no? En vuestras manos está dedicar un rato al mes a esta gran aventura del conocimiento.


* bibliografía: Antropologia para inconformes. Juan Fernando Sellés

martes, 4 de agosto de 2015

Libro recomendado: LECCIONES PRELIMINARES DE FILOSOFÍA. Autor: Manuel García Morente


                      


Un libro de introducción a la filosofía es una necesidad real. Cuando una persona nos pide que le describamos un país, la mejor respuesta que le podemos dar es enseñarle un mapa. No es lo mejor como respuesta definitiva, pero si la mejor como primera respuesta; y en lo que se refiere a las introducciones a la filosofía, su mayor mérito es el de ser tanto mapas como guías a lo que todavía es, para los principiantes, el desconocido país de la filosofía.

Las introducciones abundan y no hay dos iguales, pero nuestro profesor nos recomienda ésta de Don Manuel García Morente, que personalmente me parece muy brillante en cuanto que aporta mucha luz a los autores fundamentales.


Adjunto enlace donde se encuentra el libro en PDF




lunes, 3 de agosto de 2015

EL AMOR A LA SABIDURÍA. Autor: Étienne Gilson

                                       



Tras leer este pequeño libro de Gilson, encontré algunas ideas tratados en este curso.

El autor explica que es verdad que existió una vez la superstición de que todo lo viejo era verdad; pero ahora sufrimos la contraria y no menos peligrosa superstición de que todo lo viejo es falso y todo lo nuevo es verdad. De hecho, el tiempo no tiene nada que ver con la verdad. Una verdad nueva puede y debe reemplazar viejos errores, pero no puede reemplazar viejas verdades. Si bien nosotras tenemos el derecho de decir que nada es verdad hasta que haya llegado a serlo para nosotras, eso no quiere decir que sea verdad porque se haya convertido en nuestra propia verdad; al contrario, tuvo que convertirse en nuestra propia verdad porque era, es o será verdad para toda mente humana normal capaz de captarla. Conservemos nuestras mentes abiertas a toda verdad, sea vieja o nueva. Sometámonos alegremente a ella, cualquiera que sea la época o la dirección de donde venga. 

La filosofía es un esfuerzo estable de reflexión que dura toda la vida. La búsqueda de la sabiduría es un asunto personal, nadie puede pensar por nosotras, pueden hacernos pensar por nosotras mismas o, por lo menos, ayudarnos a hacerlo. En esto San Agustín tenía razón: nadie puede conocer nada sino con su propia inteligencia. Sin embargo los malentendidos que puedan darse pueden ser evitados, corregidos y finalmente eliminados por nuestro profesor en el curso que viene.

Por su propia naturaleza, la metafísica y la ética tratan de problemas que escapan del todo al tiempo. Hace veinticuatro siglos ya se dijo que el ser es y que el no ser no es; que lo que padece devenir y cambio no merece ser auténticamente llamado ser; que los dos fundamentos de la sociedad son la justicia y la amistad, porque sin justicia la amistad está ciega, como sin amistad la justicia es estéril. De esas tres proposiciones, ¿hay alguna que haya dejado de ser verdadera, siquiera por un momento, durante los últimos veinticuatro siglos? Por eso, si nuestros contemporáneos nos fallan, busquemos en el pasado el maestro que necesitamos. Ninguna relación inteligible entre dos términos pertenece para siempre al pasado; cada vez que se la comprende, está en el presente.  

*DISPONIBLE EN BIBLIOTECA DEL INFANTIL. (ALTAIR)

domingo, 7 de junio de 2015

LISTA DE LIBROS recomendados.



Como ya es habitual en estas fechas, D. Jesús Súnico nos da la lista de libros que aconseja:

Autor: San Agustín 
Las confesiones ( Edit. Pedro Antonio Urbina)

Autor: José R Ayllón 
Tres consejeros 

Autor: J. Pieper 
Solo quien ama canta. Arte y contemplación  
Una teoría de la fiesta 
Introducción a Tomas de Aquino 
Defensa de la filosofía


viernes, 5 de junio de 2015

Clase de junio en ALDABA



Jueves, 25 de Junio a las 17.30h.

Club Aldaba
C/ Galicia 52 - Sevilla

Prof.: D. Jesús Súnico

 Apuntes de Metafísica. Repaso general
(Pincha en el enlace)

AMA Y HAZ LO QUE QUIERAS. La verdadera libertad. Autor Eduardo Camino


Se podría decir brevemente que en este libro, Eduardo Camino explica la relación que existe entre amor y libertad. Que la libertad es para el amor y solo éste llevado al extremo, puede hacernos verdaderamente libres. Para tratar este tema el autor divide el libro en tres partes: En la primera trata de sentar las bases sobre el amor, de esclarecer su significado, de limpiar la palabra de malentendidos y usos superficiales. Con alusiones a películas y a la literatura universal, el autor desgrana el significado de la palabra "amor", y plantea cómo el hombre puede ser bueno y libre amando de verdad.

En la segunda parte, o "zona de pruebas" explica como el amor puede ser probado para garantizar su presencia y autenticidad. El primer elemento que tenemos que buscar es el sacrificio, que es darse(amor) que cuesta, es decir, cuando no nos resulta placentero. Me sacrifico porque le quiero y, queriéndole, me doy cuenta de que soy yo también beneficiada. La paciencia es muy importante, tiene que ver con la fortaleza en nuestro querer: quien es paciente soporta por amor lo que percibe como malo en los demás. Se explica en el texto la necesidad de comprensión, la caridad, mas que en dar está en comprender al otro; considerar las cosas desde su punto de vista. Otro elemento fundamental es el perdón, cuando amas no cuesta perdonar.

En la tercera parte del libro que se llama "Pues así es el amor verdadero" se reproducen algunas historias que, de alguna manera, unen toda la "teoría" anterior. Aunque el texto va corroborando e ilustrando cada una de las ideas, con la "práctica", con la vida real. Se trata de algunos fragmento literarios y testimonios familiares con nombres y apellidos.

*DISPONIBLE EN BIBLIOTECA DEL INFANTIL. (ALTAIR)

lunes, 18 de mayo de 2015

Última clase de mayo en ALTAIR


     

Jueves, 21 de mayo a las 3.45h.

La actitud atenta que es necesaria para asistir a clases de filosofía es fruto de la paz interior, del sosiego del alma. Las circunstancias externas las hemos ido superando, como el horario del medio día, asistir cansadas y casi sin almorzar, con problemas en el trabajo, etc;  considero que la formación ha sido un éxito, como consecuencia de la personal concentración en lo esencial. Para nosotras, la filosofia nos ha servido como estrategia para fortalecer la atención además de los conceptos adquiridos en el curso.

Los filósofos como D Jesús, son esas personas que están despiertas e intentan despertarnos a los demás alterando la estructura y el contenido de nuestros razonamientos. Realmente hay muchas personas que parecen sonámbulas, que parecen desplazarse por la vida sin llegar a tomar las riendas de su existencia, sin llegar a tomar realmente conciencia de dónde vienen y a dónde van. Advertir esto es una permanente interpelación para el filósofo que, como Sócrates, se considera puesto al lado de sus conciudadanos como el tábano sobre el caballo para que no se amodorre.

Ya quedaremos para dar la lista de libros recomendados para las vacaciones y seguir avanzando en los conocimientos. Leer no es, como pudiera pensarse, una conducta privada, sino una transacción social si el libro es bueno. Aunque se esté leyendo sólo para uno, lo que ahí ocurre es un tipo muy especial de comunicación entre el lector y el escritor: esa comunicación nos descubre que lo más íntimo e inefable de nosotros mismos es parte de la experiencia humana universal. Hace falta una peculiar sintonía entre autor y lector, pues un libro es siempre "un puente entre el alma de un escritor y la sensibilidad de un lector". 
Ánimo pensadoras!!

miércoles, 8 de abril de 2015

CLASES DE ABRIL




Colegio Altair - Aulas de Infantil
C/ El Barbero de Sevilla 1 - 41006 Sevilla

Jueves, 9 de Abril, de 3.45h a 4.45h
Jueves, 30 de abril,de 3.45h a 4.45h


Club Aldaba
C/ Galicia 52 - Sevilla
Viernes, 17 de abril, de 5.30h a 6.30h



Prof: D. Jesús Súnico

lunes, 9 de marzo de 2015

PENSADORAS DEL SIGLO XX. Autor: Iván López Casanova



En este libro se expone de modo sencillo, algunos trazos de la filosofía de varias pensadoras del siglo XX. Cinco intelectuales ofrecen una valiosa ayuda ante el laberinto creciente del relativismo. En esta tarea de llegar a lo esencial, o de "pensar con el corazón", las mujeres poseemos una especial fecundidad y en este libro se aborda la critica a la venida de una época de nihilismo absoluto, de falta total de valores (Nihil=nada).

Se demuestra el naufragio de la modernidad, que tiene como primer postulado la ciega confianza en la razón y la ciencia positiva. El segundo es la conciencia subjetiva como fuente de moral, es decir, la autonomía absoluta. Nosotros, gente mediterránea, y por tanto, contemplativa, quedamos estupefactos viendo que Kant, en vez de preguntarse: ¿Cómo habré yo de pensar para que mi pensamiento se ajuste al ser?, se hace la opuesta pregunta: ¿Cómo debe ser lo real para que sea posible el conocimiento, es decir, la conciencia, es decir, Yo?

Nadie como Weil (filósofa, sindicalista y pacifista),  ha sabido exponer con su vida y sus escritos que, para comprender un problema moral, hay que comprometerse. En otras palabras, que sin el compromiso y una vida moral que apunte a la excelencia, la reflexión ética es una realidad impenetrable para el filósofo, a pesar de sus buenas intenciones. Hay que destacar la especial sensibilidad de Simone Weil para captar el dolor y el sufrimiento ajeno, hasta sentirlo y comprenderlo como propio, y entonces tratar de remediarlo. A mi me deslumbra como practica la coherencia en su vida.

Maria Zambrano, me ha sorprendido con la originalidad de sus pensamiento. Explica que existe un conocimiento pasivo, intemporal, algo que no se alcanza solo con la razón activa, lo denomina la "razón poética". En cada ser viviente hay una llamada envuelta en el silencio, necesitada de voz y de palabra. Aborda intelectualmente la conjunción entre la libertad y el amor, en el texto se explica que nuestra libertad es una libertad vinculada, que solo se puede ejercer cuando libremente nos comprometemos por amor. El trato con los demás define el carácter social, de un ser que necesita vincularse.

Edith Stein, igual que las anteriores pensadoras reafirma que lo último no es el conocimiento, sino la entrega personal. Pienso que llega a las mismas conclusiones; que hay que ampliar la razón para no rechazar, por considerarlo no racional, a lo real que no se puede dominar con categorías lógico-objetivas. Se necesita una racionalidad abierta ante los diversos lenguajes de lo real. Mi frase favorita de esta mujer, que es como un consejo para la vida es: "No aceptéis como verdad nada que carezca de amor. Y no aceptéis como amor nada que carezca de verdad".

Hannah Arendt estudia el totalitarismo, sobre todo lo ocurrido en la Segunda  Guerra  Mundial  y  como se despersonaliza el ser humano convirtiéndose en "masa". Como se puede prevenir tal alejamiento de la realidad y tal irreflexión que pueden causar más daño que todos los malos instintos inherentes, quizá, a la naturaleza humana. La ideología sustituye a la vida corriente y se transforman las mentalidades, se sustituye la realidad por la ideología. Subraya la necesidad de recuperar en la cultura contemporánea la antropología de la culpa, pues, en gran parte, se encuentra difuminada.

Elisabeth Kübler-Ros es una pensadora y psiquiatra con una fascinante personalidad, que se centra completamente en sus enfermos, identificándose con su soledad, su desgracia y su desesperación. Supo dejar un gran testimonio en contra de la eutanasia y transmitió su gran deseo de ayudar a la humanidad a espiritualizarse, en estos tiempos complejos.

*DISPONIBLE EN BIBLIOTECA DEL INFANTIL. (ALTAIR)

lunes, 9 de febrero de 2015

LA LIBERTAD POSIBLE. Autor: Leonardo Polo - 3ª PARTE



Libertad y vivencia de libertad

           Haría esta observación: no es exactamente lo mismo la vivencia de la libertad, la experiencia o la conciencia de la libertad, si se prefere, que la libertad. Y se prueba porque puede haber una vivencia muy intensa de la libertad, que se corresponde de hecho con una libertad mínima; y también al revés: que puede existir un sentimiento de la libertad, o una experiencia, o un querer-ser-libre muy reducido, que en combio corresponde con una libertad real - con un ser libre realmente -, extraordinariamente intensa.
           El primer caso es muy claro. Voy a poner un ejemplo que se entiende fácilmente: una niña frívola - este análisis es de Max Scheler - es una niña, una Señorita, una hija de familia que no tiene ninguna responsabilidad, que puede hacer lo que le dé la gana, que tiene dinero; un ser tan extraordinariamente desligado de la realidad, al que le importa tan absolutamente poco su conexión con el mundo físico, al que solamente interesan sus caprichos, y que cree que es absolutamente libre, que puede hacer en cualquier caso lo que le dé la gana, y además no pasa nada: esta reacción es muy importante. Hay quien cree que es absolutamente libre porque estádesligado, que ser libre consiste precisamente en no tener ninguna conexión con nada, ser dueño de sí mismo en el sentido de no estar condicionado, en el sentido de no estar interesado más que por lo que uno haga, por lo que se le ocurra.
           Pues bien, este sentimiento eufórico y por tanto completamente seguro que tiene la niña frívola de que es libre, es un sentimiento absolutamente engañoso. Eso es la forma de libertad más pobre que existe: porque la sensación de libertad que resulta de la falta de una motivación profunda en el proceso de operar, denota la falta de libertad de la voluntad y su constreñimiento causal. Decir que uno es libre porque opera a base de impulsos y no a base de obligaciones, a base de vinculaciones, es la manera más tonta de engañarse.
           Lo que quiero decir es que reducir la libertad a la vivencia de la libertad, que querer recalcar la libertad a condición de que exista una experiencia o una sensación completa de ser libre, es sencillamente caer en la frivolidad. Solamente se puede tener esta sensación cuando uno no sabe por qué actua, y cuando uno no sabe por qué actúa, hay que sospechar que actua por algo distinto de su libertad. Por eso, la famosa sensación de no tener que actuar por nada resulta una superficialidad total, y revela que lo que actua en el fondo son las limitaciones que proceden de que la libertad está encarnada, o las modas, es decir, el hecho de que la libertad esté situada.
           En rigor, la persona que actúa así no puede, además, dominar de ninguna manera las concupiscencias, porque si está intentando buscar la libertad por este lado, sólo la está buscando para reirse, con lo que incurre en una radical paralización de la libertad en sí misma. Porque al vivir la libertad no respecto a su creador, resultará que la libertad quedará aplastada por el carácter limitado de la libertad del cosmos físico.
           De manera que hay que tener mucho cuidado con la vivencia de la libertad, porque se da la posibilidad de que, cuanto más eufórico es uno en su vivencia de la libertad, más probable es quedarse al aire, ser muy poco libre. Se podría establecer una proporción inversa: la vivencia de la libertad y la realidad de la libertad son inversamente proporcionales.

La libertad positiva

           Otra observación se podría hacer al respecto, también tomada de Max Scheler: es una completa equivocación entender la libertad de un modo negativo, como indeterminación. Evidentemente, la idea de indeterminación es una idea negativa. En cambio, el concepto de libertad tiene que ser positivo. Pues bien: si alguien hubiese resuelto hacer siempre lo mismo en condiciones idénticas, y si esta resolución fuese renovada en cada caso, entonces no cabría hablar de ninguna manera de indeterminación. Más aún, podríamos estar completamente seguros - en la misma medida en que fuese intensa tal determinación - de como va a actuar el sujeto. Podríamos dudar, en la medida en que la resolución de actuar siempre de acuerdo con una ley, y de hacer lo mismo en condiciones idénticas, no fuese lo suficientemente firme, o pudiésemos sospechar que alguna vez se debilitará; pero en la medida en que esa resolución es firme y es radicalmente renovable, en esa medida podríamos decir que el operar de tal sujeto es perfectamente previsible. Al tiempo habría que decir que cuanto más resuelto estuviese, y cuanto más renovase la resolución, más libertad habría. Dicho de otro modo: una conducta es tanto más previsible, cuanto más libre; lo cual quiere decir que una conducta es tanto más libre cuanta más fe se pueda tener en que no se va a desviar por situaciones externas o por motivaciones cualesquiera. Esa es la fuerza que tiene la interpretación de Max Scheler.
           Resulta entonces que como Max Scheler examina la libertad, hay una indeterminación interna que hace indeterminable a la gente por condiciones externas. Y paralelamente, una conducta humana es imprevisible en la medida en que es caprichosa, y si es caprichosa quiere decir que esa conducta está determinada desde fuera de ella misma. Con lo cual llegaríamos a una conclusión: que la libertad es efectivamente una capacidad de autodeterminación. No es indeterminación, sino que es la ausencia o el estar por encima de las determinaciones externas. Pero sólo se puede llegar a estar por encima de las indeterminaciones externas si efectivamente hay algo inconmovible en la conducta. Y ese carácter inconmovible tiene que dárselo la conducta a sí misma precisamente a partir de esa culminación como la libertad puede crecer. Porque el hecho de que sea la culminación de lo psicofísico, no quiere decir que se límite a esa culminación psicofísica, porque esa culminación sería estática. Quiere decir que entonces es cuando se abre la libertad: la libertad se abre a partir de lo psicofísico como su culminación, y a partir de ahípuede crecer, hasta el punto de que, cuando va creciendo, puede volverse sobre lo psicofísico.
           Por tanto, que la libertad esté encarnada significa dos cosas: por una parte que en los niveles inferiores no habrá libertad; pero la libertad es el ápice, lo que completa la constitución, por tanto la libertad es lo personal en el hombre. Pero no es un ápice estático, sino que se puede desplegar. Y al ser susceptible de un crecimiento, entonces puede tener un carácter reflexivo y puede volver sobre la constitución psico-física: por eso hay un dominio del hombre sobre su cuerpo y sobre su psique, desde la libertad.
           Por ejemplo, en la ascética cristiana se ve claro que la libertad vuelve sobre su cuerpo, hasta el punto de que el fenomeno de la levitación, que es una de las maneras de evadirse de las leyes de la gravedad, tiene incluso sentido como un fenómeno espiritual radicado en la misma constitución psico-biológica. La levitación es un fenómeno perfectamente controlable, del que además existen casos bastante abundantes en nuestro siglo, y por ahí se ve que la libertad puede crecer de maneta insospechada.

La libertad situada

           Veamos ahora otra cuestión: la libertad situada. Esto requiere una enorme cantidad de explicaciones que no voy a desarrollar, referentes a todos los problemas políticos de la libertad, que no afectan a la libertad del individuo, sino al hombre como humanidad. Sobre esto han circulado muchas ideologías marxistas, liberales, anarquistas, etc., y la doctrina social de la Iglesia.
           Desde el punto de vista antropológico, a una libertad situada se la suele llamar Mitwelt (Welt, mundo; mit, con). La libertad en el plano de la Mitwelt es mucho más plástica y además es una de las condiciones del ápice de la libertad, considerado en el orden psicobiológico. No es cierto que la Mitwelt sea una determinación externa, porque la Mitwelt es asumida, asumida en corporación absolutamente interna. Es perfectamente claro que en la acción humana los factores externos sociales están incorporados desde dentro: por esto no es una Umwelt la sociedad, no es un mundo circundante como pueda serlo el mundo físico, sino que es un ser-con. En este ser-con, este "con" no es simplemente un agregado, un añadido, sino lo que uno hace, lo que emana de un individuo, lo que un individuo provoca, lo que inventa, lo que decide, y lo que un individuo hace puede ser perfectamente asumido por otro, y asumido desde él, no desde el otro. Esto - cualquiera que sepa psicología diferencial lo verá perfectamente claro -, esto ocurre también en la infancia: un niño no se hace desde su propio desarrollo somático o nervioso, se hace desde la Mitwelt que es la familia. Y por eso las crisis de la Mitwelt son crisis nerviosas en definitiva, de patología nerviosa, de psicopatología. Pero luego ocurre que, a partir de la Mitwelt, tiene lo que los psicólogos llaman la Eigenwelt, que es el mundo propio, el mundo interior. La interiorización de la Mitwelt abre paso a la Eigenwelt. Y allí, ya los modos de finitud anteriores son superables en un crecimiento.

La libertad trascendental

           Pero aquí se adosa el tema de las concupiscencias. El mundo propio efectivamente es propio, y el hombre lo puede alcanzar a través de un desarrollo que incluso se podría tomar como natural: un crecimiento natural desde la Umwelt al ápice constitucional, del ápice constitucional a la interiorización de la Mitwelt situacional, social, y de allí a la constitución de la Eigenwelt, es decir, del mundo íntimo o del mundo propio. Pero lo que no se puede hacer con este proceso es evitar la concupiscencia, y entonces si uno quiere crecer, ¿como puede superar la concupiscencia? No hay más que una solución aquí, pero, claro, el que no es creyente no lo ve, y por lo tanto allí se acaba su libertad. Solamente el que tiene fe y se enfrenta con el tema de la concupiscencia puede superarla y orientarse hacia lo que podríamos llamar generosidad pura. La superación de la concupiscencia para un cristiano es la lucha por alcanzar - y esto sí que es una lucha - la liberación respecto de ese yo inerte que está incluido en mi misma intimidad, en mi misma Eigenwelt, hasta donde ha podido crecer naturalmente la libertad, pero que no se puede quitar de sí. Hay un proyecto de vida cristiana, inexcusable para los cristianos, que es la lucha contra la concupiscencia. O si se quiere, la constante rectificación de la intención, que nunca se termina de agotar.
           Es en el orden de la gracia como el tema de las concupiscencias puede ser afrontado, y en consecuencia puede crecer la libertad en el mismo ámbito de la Eigenwelt, de la intimidad.
           Y, por último, la cuestión de la creación. Esto plantea el tema de la libertad en su última sección.
           Si, efectivamente el hombre es capaz - para esto tiene que superar las concupiscencias, o al menos luchar contra ellas - de amar a Dios más que a sí, o, para expresarlo de una manera un poco más neutral: si el sentido de la vida del hombre es sin envidia, si el hombre está dispuesto a recibirlo con plena aceptación, que es libertad, entonces el hombre alcanza por fin a ser trascendentalmente libre. Entonces, con su libertad, el hombre no solamente se autoes, sino, que se trasciende a sí mismo.
           Volvamos a formular las cuestiones con que iniciamos este análisis. ¿El hombre es libre?,¿puede crecer - hasta donde alcanza a crecer - el hombre en su libertad? Al final, las dos cuestiones enfocadas afirmativamente coinciden en lo mismo: la libertad es, en último término, no ya la capacidad de autohacerse, sino de autotrascenderse. Y este autotrascenderse sólo es posible, cuando uno prefiere ser desde Dios, a ser desde sí. Ese preferir es parte radical en el fondo infinito de la libertad.



*** 3ª parte del texto que recoge una intervención de L. Polo en un coloquio organizado por alumnos de la Univ. de Navarra. La Persona Humana y su crecimiento. Pamplona: Eunsa, 1996.

LA LIBERTAD POSIBLE. Autor Leonardo Polo - 2ª PARTE



Libertad finita

           Vamos a ver ahora otra cuestión que tiene relación con la segunda pregunta. La primera pregunta, ¿somos libres o no somos libres? (prescindiendo ahora de las valoraciones que disminuyen la importancia de ser libre, o que condicionan la importancia de ser libre de una manera negativa), puede resolverse en otra, que sería esta: ¿cuánta libertad tenemos? Podemos plantearnos cuánta libertad tenemos y se puede llegar a una libertad más o menos grande, pero que en definitiva es finita. Es finita aunque puede crecer un poco o disminuir un poco. Pero lo que pasa es que tiene un límite previo, o que ese límite previo no lo puede superar: y entonces nuestra libertad es una libertad dada, y nada más. Este carácter limitado de la libertad quiere decir que nuestra libertad en definitiva no es susceptible de aumento, o que los aumentos de nuestra libertad son muy pequeños, y si llegamos a ese límite, ya no se puede superar, y, por tanto allí quedamos parados y ya no hay más libertad.
           Eso se puede demostrar atendiendo a una serie de circunstancias, de datas, que tienen relación con nuestra manera de experimentarnos libres, y que al no ser naturalmente una experiencia de libertad, son coartaciones: lo que coarta nuestra libertad. Nuestra libertad está coartada, es finita, y lo es de un modo insuperable.
           Que nuestra libertad sea finita de una manera insuperable se puede entender de varias maneras. En primer lugar, la primera modalidad de finitud de nuestra libertad es lo que podríamos llamar su limitación, nosotros somos libres pero lo somos de una manera limitada, porque estamos insertos en una realidad física que nos rodea. Esa realidad física es una limitación para nuestra libertad; porque no soy yo, es externo a la libertad. No podemos hacer magía con la realidad física, la realidad física no obedece a nuestra libertad directamente, sino que es un límite para ella. Podemos ser libres hasta cierto punto, pero en cuanto nos ponemos en conexión con el mundo físico lo encontramos como un factor limitante de nuestra libertad.
           Pero no acaba aquí la finitud de nuestra libertad. En segundo lugar, nuestra libertad es una libertad encarnada, es decir, además de estar colocados en un mundo físico que nos rodea, resulta que nuestra libertad es la de un ser que no en todas sus dimensiones obedece a la libertad. No se trata ya de que si yo quiero ser libre respecto a la ley de la gravedad, eso no tiene sentido, sino que dentro de mí, dentro de la constitución mía como ente, en el ente que soy, en la realidad que soy, hay muchos aspectos, hay muchas dimensiones que no son libres. Uno puede sospechar que muchísimas cosas de las que hace no obedecen a su libertad, sino que obedecen a un impulso de otro tipo.

Otras limitaciones

           Pero además, hay una tercera consideración respecto de la finitud de nuestra libertad: nuestra libertad es siempre una libertad situada. Y eso quiere decir que nuestra libertad de hecho tiene que tener en cuenta a los demás. No solamente estamos en un mundo que tiene sus propias leyes, respecto de las cuales nuestra libertad está coartada (estas leyes no obedecen a la libertad); y no sólo ocurre que normalmente tenemos una constitución psicofísica que en gran parte tampoco obedece a la libertad; además de esto, desde que nacemos estamos insertos en un medio social y de él nos vienen una serie de determinaciones que no podemos saltar: eso es lo que podríamos llamar la situación de nuestra libertad. Nuestra libertad es una libertad finita, no solamente porque está limitada por el mundo físico, no sólo porque está encarnada, es decir, porque tiene que ver con una constitución psicobiológica, sino también porque está situada, es decir, porque inevitablemente tiene que contar con los demás, y los demás no es que coaccionen (esto también puede ocurrir), pero fundamentalmente lo que ocurre es que los demás no me dejan pasar. Además no solamente esto: muchas de las veces que uno se cree que opera en plena autoconciencia, en plena posesión de los motivos, en realidad estos vienen dados desde fuera. No hay más que acudir, por ejemplo, al fenómeno de la publicidad, o al fenómeno social: compro una cosa libremente, ¿o ha sido porque de una manera más bien inconsciente me ha influido un anuncio de la televisión?
           Pero para el cristiano no son solamente estos los modos de la finitud de la libertad, sino que hay más. En primer lugar nuestra libertad es una libertad caída. El pecado tiene que ver con nuestra libertad de una manera muy estricta y perfectamente definida. La manera como se manifiesta la libertad en su finitud en la forma de caída es - y esto es ya un tema muy clásico que recoge San Agustín y luego lo emplea exageradamente Martín Lutero - el tema clásico de las concupiscencias. Estas concupiscencias no son en este sentido las pasiones: las pasiones tenían que ver más bien con que nuestra libertad es una libertad encarnada. La concupiscencia se nota fundamentalmente en lo que podríamos llamar el orden de motivaciones, la imposibilidad de estar seguro de que uno obra con rectitud de intención completa: la habrá incluso en los actos en que uno cree que es más libre, porque es más libre para el bien. En los actos en que uno cree ser más generoso, en los que uno intenta - no cree, sino intenta - ser más generoso, ¿no habrá un fondo erróneo según el cual, en último término uno estará buscándose a sí mismo? Nuestra libertad, ¿es capacidad de autotrascendencia tal, que, cuando actuamos libremente no actuamos en función de algo que ya no es libre y que está en las mismas entrañas de la libertad? No algo externo, como pueden ser los factores psicofísicos o los sociales o los del mundo natural: no algo que está en el mismo dispararse de la libertad. Cuando nuestra libertad se dispara, ¿se dispara de una manera enteramente libre, o hay un punto fijo que es un punto al que la libertad está sujeta? Hay un egoísmo radical según el cual estamos absolutamente incapacitados de hacer un acto completamente bueno, libremente bueno, porque nuestros actos en algún momento tienen un factor que los liga a un interés subjetivo, y que es la marca: libertad caída. Y como los motivos de la concupiscencia no son nada claros, y son los motivos respecto de los cuales uno no puede actuar libremente, por eso son una modalidad de la finitud de la libertad, pero dentro de la libertad misma.
           Por último se puede decir que nuestra libertad es finita porque es creada. Y en este sentido depende de un principio radical, que no le es originariamente propio, que es Dios.

Recapitulación

           Hemos tratado el aspecto negativo de la cuestión. Tras ver las actitudes frente a la libertad hemos señalado su radical finitud. Finitud que le viene del mundo físico, de nuestra misma constitución psicobiológica, del hecho de que está situada, y por último, dentro de una visión cristiana, de ese deterioro interior que es la concupiscencia, y, por último, por ser creada, de su dependencia de un ser que la ha hecho, y que, por tanto, la trascenderá también.
           Hemos visto las cosas desde el punto de vista más pesimista; hemos intentado acumular todas las dificultades que el tema de la libertad abarca. Ahora hace falta darle la vuelta a la cuestión, es decir, darnos cuenta de cómo el hombre es libre, de cómo estas dificultades respecto de la libertad y respecto de su progreso pueden ser asumidas en una comprensión más profunda. Porque todas estas vivencias, o todas estas experiencias que se refieren a la finitud o que se refieren al ser o no ser de nuestra libertad, en el fondo son vivencias, muchas de ellas innegables, pero que no alcanzan el fondo de la cuestión. Y por esto, lo que hay que decir ahora es que el asunto de la libertad es una cuestión muy seria, extraordinariamente importante, radical: es un tema de fondo, y solamente alcanzaremos a ver la libertad en el sentido de un progreso hacia ella, si somos capaces de advertir que el tema de la libertad está más allá de todas estas cuestiones.
           Hay unos versos de Rilke que dicen esto: el animal libre siempre ha sobrepasado su fin, va hacia Dios, y cuando camina, lo hace hacia la eternidad, como mana una fuente. Creo que es el poeta metafísico más grande que existe. Pues bien, yo diría esto: todas esas vivencias a las que me refería al principio - la aspiración, la del miedo, la desesperación, la de la tristeza, etc. -, todas esas vivencias son muy contingenciales; es decir, están despertadas o están motivadas por una serie de factores que, de una manera directa, no arrancan de la consideración de la libertad misma, sino que arrancan de cierto modo o de cierto intento, o de ciertas maneras según las cuales uno quiere ser libre.
           Esto es lo que hay que ver: si es que el hombre puede ser libre de cualquier manera, o sólo hay ciertos modos de ser libre, y en definitiva uno sólo, del que los demás son inversiones más o menos intensas. Porque cuando uno intenta abordar el tema de la libertad de una manera caprichosa o de una manera cualquiera, no tiene nada de extraño que se encuentre con una visión de la libertad que, o es una versión negativa, una versión triste, una versión desesperante, una versión cargante, o incluso que se llegue a decir - pues no hay más que determinación, juego de factores - que uno no es más que una especie de marioneta.



** 2ª parte del texto que recoge una intervención de L. Polo en un coloquio organizado por alumnos de la Univ. de Navarra. La Persona Humana y su crecimiento. Pamplona: Eunsa, 1996.

viernes, 6 de febrero de 2015

LA LIBERTAD POSIBLE. Autor: Leonardo Polo - 1ª PARTE


Para este mes de febrero, tenemos una lectura muy interesante sobre la libertad, que nos recomienda D. Jesús. Hay terminología que realmente tiene cierta dificultad; pero así me empezó a enganchar la filosofía, buscando palabras que me resultaban desconocidas. Algo que nos supera, nos motiva más !!
Tenemos que leerlo despacio, porque es bastante denso. Como es un poco largo para publicar en un blog, lo he dividido en tres partes.


Este texto recoge una intervención del autor en un coloquio organizado por alumnos de la Universidad de Navarra. De ahí el tono coloquial de estas páginas.



La Libertad posible. 
In La Persona Humana y su Crecimiento. Pamplona: Eunsa, 1996. p.37 (L. POLO)

           El asunto es la libertad. Me voy a poner pesimista (pictóricamente, claro); y entonces voy a empezar con una pregunta: ¿el hombre es libre? La segunda pregunta sería: ¿el hombre es siempre igual de libre, cuenta siempre con la misma libertad?
           La libertad es algo que tiene también interés desde el punto de vista de un progreso. No es simplemente una propiedad del hombre, sino algo respecto de lo cual el hombre puede hacer algo.
           Evidentemente la primera pregunta es radical. La contestación: el hombre es libre, o no. Pero la segunda pregunta puede parecer menos radical. Y en el fondo allí también hay algo muy importante en juego, que es precisamente el interés de la libertad. Porque si dijéramos que el hombre es libre, pero después de esto, a la segunda pregunta contestáramos que el hombre es siempre igual de libre, la libertad es una propiedad humana nativa, que no se desarrolla: entonces todos los hombres son igualmente libres, históricamente no se puede aumentar la libertad, la libertad es una simple propiedad de la voluntad: como tal es constitutiva, y nada más. Pero si es constitutiva, o está o no está, y si está, pues está. Y entonces el interés de la libertad desaparecería, entonces la libertad quedaría fuera del progreso. Sería simplemente una fuente, pero una fuente constante de los actos humanos. Y al ser una fuente que no se acrecienta, resulta que el progreso que los actos humanos podrían lograr sería un progreso al margen de la libertad. Y si es un progreso marginal a la libertad, entonces puede ser incluso un progreso enemigo de la libertad.
           Estas dos preguntas - y por eso me pongo pesimista - no se pueden contestar de una manera satisfactoria. Mejor dicho, hay gente que se atreve a afirmar las dos, esto es, a contestar afirmativamente las dos, que el hombre es libre, y además crecientemente libre: yo también lo creo, pero como filósofo tengo que advertir que hay ciertas dificultades; no está nada claro a primera vista que sea así. Hay muchos signos, muchos hechos que nos llevan a una especie de desesperanza respecto de la contestación afirmativa de estas dos preguntas.
           Vamos a ver cuáles son las dificultades respecto a la primera cuestión: si el hombre es libre o no. Estas dificultades que vamos a ponernos desde un punto de vista vital, podríamos llamarlas las actitudes, los sentimientos que actualmente se adoptan respecto a la libertad, respecto a la cuestión de si el hombre es libre o no es libre. La enumeración de estas dificultades procede del profesor Arellano.


Aspiración a la libertad

           Ante todo se puede advertir en la humanidad, en el hombre actual, lo que podríamos llamar la actitud de aspiración a la libertad. Se quiere ser más libre. O, mejor dicho, se quiere ser libre. Se aspira a la libertad, se toma la libertad como una meta, como algo que todavía no se tiene y que sin embargo se desea.
           Esto es ya una dificultad respecto a la primera cuestión. Porque si se aspira a la libertad, se está afirmando simplemente que no se tiene. Se aspira a la libertad, no se tiene libertad. Entonces lo que pasa en el mundo es que no se sabe lo que es la libertad, se aspira a la libertad de una manera muy vaga: esto lo voy a desarrollar con un poco de valor experiencial.
           Efectivamente hay muchas personas que creen que no son libres pero aspiran a serlo, pero no saben exactamente lo que quiere decir ser libre. La libertad se presenta como un ideal cuyo contenido, cuyos contornos, son extremadamente imprecisos. Ansiar la libertad es una actividad vital frente a la libertad muy extendida. En los jóvenes se nota claramente que no se consideran libres, pero quieren serlo. Se ponen revolucionarios o algo así. Existen también minorías que tienen una sensación de no tener libertad, de estar en esclavitud, de que la libertad es algo que por el momento no se tiene.
           Pero ¿en qué consiste esa libertad, qué se nota en su valor positivo, exactamente qué es ser libre? No se sabe, claro, porque, ¿cómo se va a saber? Solamente se puede saber quésignifica ser libre siéndolo. Porque la libertad no se conoce como se puede conocer un objeto cualquiera. La libertad se conoce ejerciéndola; si no se ejerce, no se sabe. Por lo tanto, en cuanto aparezca una actitud de ansia a la libertad, evidentemente allá va implícita una percepción extraordinariamente confusa de lo que la libertad sea. Prueba de esto es que esa aspiración a la libertad normalmente suele terminar desvaneciéndose, o termina en unas situaciones que enúltimo término no son más que desorden: no son libertad, sino desorden.


La negación de la libertad.

           También se niega la libertad. Eso, ¿por qué? Porque a veces, cuando se ha hecho la experiencia o una experiencia controlada de la libertad se ha terminado en una constatación de que la libertad no es un valor tan positivo como parecía, sino que es un valor muy relativo, y en ciertos modos un disvalor o un antivalor. Esto es característico de, por ejemplo, el pensamiento existencialista y también de algunas formas de psicoanálisis. Algunos existencialistas piensan que estamos condenados a ser libres, y que no tenemos más remedio que cargar con nuestro propio existir en el sentido de tenerlo que hacer (que es lo que significaría la libertad en su propio concepto). El hombre se tiene a sí mismo como tarea, y por tanto tiene que cargar con su propio ser. Y ese cargar con su propio ser, asumiendo su propio ser en una dirección o en otra, es la libertad. La libertad está grabada radicalmente por uno mismo, y entonces en vez de ser una cosa excelente, alegre, brillante, es todo lo contrario: es una especie de tarea asumida, como una tarea agotadora. El que tiene que realizarse a sí mismo con sus propios contados recursos. Y además esta realización depende de él mismo, se tiene que autorrealizar, y aqui está, en esta autorrealización, la libertad imprimida como un valor a medias. Por lo tanto se llega a tener un cierto miedo a la libertad, más que miedo una valoración que no es enteramente positiva. La libertad es una desgracia, sería mejor no ser libre, porque al menos, si uno no tuviera esa libertad, entonces estaría exento de esa tremenda tarea de autorrealizarse.
           Otra actitud que aparece respecto a la libertad es lo que podríamos llamar la desesperación. La libertad desespera. No se trata ya de valorarla negativamente en el sentido de que ser libre significa existir en unas condiciones de extrema dureza. Sería mejor ser como una hormiga, simplemente seguir el cauce de la vida, sin tener que preocuparse de nada. Ser libre es preocuparse y esto ya es algo negativo.

La libertad inútil

           Pero hay también otra tercera posible actitud, que puede coexistir con las otras, y puede mezclarse con ellas. Decir que la libertad no sirve para nada, que es rotundamente inútil. Eso no es exactamente negar la libertad por la consideración no positiva de la libertad: la libertad como desgracia es porque yo tengo inexorablemente que asumir la tarea de autorrealizarme, y, claro, sería preferible estar exento de esa tarea. Pero si es posible que uno asuma esa tarea de autorrealizarse, se afirma que esa tarea tiene algún sentido, que tiene alguna posibilidad de ser llevada a cabo. Por lo tanto no es que la libertad sea inútil: es difícil, es incómoda, uno está condenado a ella, pero estar condenado a ella no quiere decir que con la libertad no se consigue algo. Pero también cabe pensar, cabe sentir, cabe experimentar que la libertad no sirve para nada: esto no ocurre con excesiva intensidad, pero a veces aparece. La libertad, ¿para qué sirve?, ¿qué interés tiene?, ¿es que por ser libres vamos a conseguir algo? Somos libres efectivamente, pero que seamos libres no significa nada desde el punto de vista de realización. Se renuncia a seguir, no porque la libertad sea un valor negativo, sino porque carece de significación.
           Cabe también la tristeza ante la libertad, que no es lo anterior, es otra cosa, otro matiz. ¿En qué consiste si la ponemos en relación con las actitudes anteriores? Podríamos decir que la tristeza ante la libertad consiste en renunciar a la libertad: porque esta aspiración nunca se va a alcanzar. O bien uno va a estar empleándose toda la vida, pero para terminar en el fracaso radical. A lo mejor hay algo que no depende de la libertad propia, que depende de otra cosa, de unas circunstancias exteriores a uno, y por esto, al final, después de haber realizado un gran trabajo para ser libre o para conseguir la libertad, resulta que todos esos trabajos no sirven para nada, se desvanecen. Está el famoso pensamiento de Sartre: aquel no tiende a ser más sino lo que ha sido hecho. Ese es el carácter existencial y gravoso de la libertad. Pero, ¿qué pasa después de que uno se ha hecho? Pues que queda deshecho, porque viene la muerte tan callando, y se acabó. Es la tristeza, ante la libertad: porque uno ha hecho una cosa, que resulta que, al final, se nos escapa.