Tras leer este pequeño libro de Gilson, encontré algunas ideas tratados en este curso.
El autor explica que es verdad que existió una vez la superstición de que todo lo viejo era verdad; pero ahora sufrimos la contraria y no menos peligrosa superstición de que todo lo viejo es falso y todo lo nuevo es verdad. De hecho, el tiempo no tiene nada que ver con la verdad. Una verdad nueva puede y debe reemplazar viejos errores, pero no puede reemplazar viejas verdades. Si bien nosotras tenemos el derecho de decir que nada es verdad hasta que haya llegado a serlo para nosotras, eso no quiere decir que sea verdad porque se haya convertido en nuestra propia verdad; al contrario, tuvo que convertirse en nuestra propia verdad porque era, es o será verdad para toda mente humana normal capaz de captarla. Conservemos nuestras mentes abiertas a toda verdad, sea vieja o nueva. Sometámonos alegremente a ella, cualquiera que sea la época o la dirección de donde venga.
La filosofía es un esfuerzo estable de reflexión que dura toda la vida. La búsqueda de la sabiduría es un asunto personal, nadie puede pensar por nosotras, pueden hacernos pensar por nosotras mismas o, por lo menos, ayudarnos a hacerlo. En esto San Agustín tenía razón: nadie puede conocer nada sino con su propia inteligencia. Sin embargo los malentendidos que puedan darse pueden ser evitados, corregidos y finalmente eliminados por nuestro profesor en el curso que viene.
Por su propia naturaleza, la metafísica y la ética tratan de problemas que escapan del todo al tiempo. Hace veinticuatro siglos ya se dijo que el ser es y que el no ser no es; que lo que padece devenir y cambio no merece ser auténticamente llamado ser; que los dos fundamentos de la sociedad son la justicia y la amistad, porque sin justicia la amistad está ciega, como sin amistad la justicia es estéril. De esas tres proposiciones, ¿hay alguna que haya dejado de ser verdadera, siquiera por un momento, durante los últimos veinticuatro siglos? Por eso, si nuestros contemporáneos nos fallan, busquemos en el pasado el maestro que necesitamos. Ninguna relación inteligible entre dos términos pertenece para siempre al pasado; cada vez que se la comprende, está en el presente.
*DISPONIBLE EN BIBLIOTECA DEL INFANTIL. (ALTAIR)