Cuenta una narración muy conocida en África que, mientras
caminaba por el bosque, un cazador encontró un aguilucho recién nacido, lo
cogió y se lo llevó a su casa. Allí lo puso en su gallinero, donde el rey de
todas las aves crecía con los pollos, y pronto aprendió a comportarse como uno
de ellos: picoteaba maíz y brincaba en el corral como ellos…
Un día, después de muchos meses, el campesino miró pensativo
las largas alas de esta ave majestuosa que, a pesar de poder hacerlo, no había
aprendido a volar, ya que había estado encarcelada durante toda su vida.
Entonces, el buen hombre se arrepintió de lo que había hecho y decidió dejar al
águila en libertad. La sacó del corral, la tomo suavemente en sus brazos y la
llevó a una colina cercana. Allí le extendió hacia arriba y le dijo: “Eres un
águila. Perteneces al cielo, no a la tierra. ¡Abre tus alas y vuela!”. Pero el ave no se movió. Miró desde la colina
a los pollos comiendo, y dio saltos para reunirse con ellos. El campesino
repitió sin cansancio: “No debes empequeñecerte y criarte como las gallinas que
no hacen más que pelearse sin cesar por picotear los granos que encuentran en
el suelo. ¡Abre tus alas y vuela!”. Pero la joven águila se mostró cada vez más
confundida por esta meta tan exigente. Temblaba por todo el cuerpo, y daba
fuertes señales de preferir volver al lugar protegido.
El campesino no se desanimó. Al día siguiente, muy temprano,
la llevó a un monte muy alto. Una vez en la cima, la levantó de nuevo y, con
sus brazos extendidos hacia arriba, le hizo mirar directamente hacia el sol
brillante de la mañana, mientras le animaba diciendo: “Eres un águila. Has
nacido para moverte al aire libre, para llegar hasta el sol. Puedes recorrer
distancias enormes y jugar con el viento. ¡No tengas miedo! ¡Inténtalo! Abre
las alas y vuela.” Entonces, el águila, fascinada por la abundancia de luz, se
irguió de un modo señorial, abrió lentamente sus grandes alas y, con un grito
triunfante, empezó a volar, cada vez más alto, hasta que ya no se la podía ver
en el horizonte…
“Quien ha nacido con alas, debe usarlas para volar”, pensó
el campesino cuando bajó del monte cantando.
INTRODUCCIÓN DEL CURSO
La
filosofía nos ayudará a conocernos y poder vivir la libertad que somos, por eso
hablaremos de un Yo que se realiza en el ejercicio de su libertad, de un Yo que
trasciende toda realidad y circunstancia, eso es ser persona humana. El ámbito
de la libertad abarca a todo su ser, no solo al hombre espiritual (Lutero) o al
hombre inteligible (Kant). Es libre el hombre y la mujer completos, en su
realidad corporal y espiritual.
En este curso que comenzamos, aprenderemos que una vez se ha
quitado la verdad al hombre, es pura ilusión pretender hacerlo libre. En
efecto, verdad y libertad, o bien van juntas o juntas perecen miserablemente.
Además descubriremos, que sin verdad y libertad, la felicidad humana se esfuma.
El ambiente generalizado en que vivimos, que busca “tener”
con el sólo fin del goce sensible constituye un nuevo hedonismo, y a esta
sociedad que vive según ese modelo se le ha venido a llamar “sociedad del
bienestar”. El núcleo de lo humano se intenta colocar, pues, en un lugar más
modesto que en la historia precedente: en esa operativa tan inferior como
cambiante y sometida a tantas quiebras. Asistimos, por tanto, a la pérdida de
lo más propiamente humano.
En este curso que comienza, conseguiremos en los temas
introductorios, explicar términos fundamentales como sustancia, ente, esencia,
acto y potencia, naturaleza, etc. En un tema posterior se tratará del
conocimiento y distinción entre el pensamiento y las cosas. Avanzaremos
tratando la voluntad y sus hábitos, la libertad, la felicidad y la belleza.
Es un Temario impresionante, ¿qué os parece?
PRIMERA CLASE PRESENCIAL
Viernes 19 de septiembre. HORA. 17.30 H.
Lugar: Club Aldaba (Sevilla)