Libertad y vivencia de libertad
Haría
esta observación: no es exactamente lo mismo la vivencia
de la libertad, la experiencia o la conciencia de la libertad, si se prefere,
que la libertad. Y se prueba porque puede haber una vivencia muy intensa de la
libertad, que se corresponde de hecho con una libertad mínima; y también
al revés: que puede existir un sentimiento de la libertad,
o una experiencia, o un querer-ser-libre muy reducido, que en combio corresponde
con una libertad real - con un ser libre realmente -, extraordinariamente
intensa.
El primer caso es muy claro. Voy a poner un ejemplo
que se entiende fácilmente: una niña
frívola - este análisis es de Max Scheler - es una niña, una Señorita, una hija de familia que no tiene ninguna
responsabilidad, que puede hacer lo que le dé la gana, que tiene dinero; un ser tan
extraordinariamente desligado de la realidad, al que le importa tan
absolutamente poco su conexión
con el mundo físico, al que solamente interesan sus
caprichos, y que cree que es absolutamente libre, que puede hacer en cualquier
caso lo que le dé la gana, y además
no pasa nada: esta reacción
es muy importante. Hay quien cree que es absolutamente libre porque
estádesligado, que ser libre consiste precisamente en no
tener ninguna conexión
con nada, ser dueño de sí mismo en el sentido de no estar condicionado, en el
sentido de no estar interesado más
que por lo que uno haga, por lo que se le ocurra.
Pues bien, este sentimiento eufórico y por tanto completamente seguro que tiene la
niña frívola de que es libre, es un sentimiento
absolutamente engañoso. Eso es la forma de libertad más pobre que existe: porque la sensación de libertad que resulta de la falta de una
motivación profunda en el proceso de operar, denota la falta
de libertad de la voluntad y su constreñimiento causal. Decir que uno es libre porque opera
a base de impulsos y no a base de obligaciones, a base de vinculaciones, es la
manera más tonta de engañarse.
Lo que quiero decir es que reducir la libertad a la
vivencia de la libertad, que querer recalcar la libertad a condición de que exista una experiencia o una
sensación completa de ser libre, es sencillamente caer en la
frivolidad. Solamente se puede tener esta sensación
cuando uno no sabe por qué actua, y cuando uno no sabe por qué actúa, hay que sospechar que actua por algo distinto de
su libertad. Por eso, la famosa sensación
de no tener que actuar por nada resulta una superficialidad total, y revela que
lo que actua en el fondo son las limitaciones que proceden de que la libertad
está encarnada, o las modas, es decir, el hecho de que la
libertad esté situada.
En rigor, la persona que actúa
así no puede, además, dominar de ninguna manera las concupiscencias,
porque si está intentando buscar la libertad por este
lado, sólo la está buscando para reirse, con lo que incurre en una
radical paralización
de la libertad en sí misma. Porque al vivir la libertad no respecto a su
creador, resultará que la libertad quedará aplastada por el carácter limitado de la libertad del cosmos
físico.
De manera que hay que tener mucho cuidado con la
vivencia de la libertad, porque se da la posibilidad de que, cuanto
más eufórico es uno en su vivencia de la libertad,
más probable es quedarse al aire, ser muy poco libre.
Se podría establecer una proporción
inversa: la vivencia de la libertad y la realidad de la libertad son
inversamente proporcionales.
La libertad positiva
Otra observación
se podría hacer al respecto, también
tomada de Max Scheler: es una completa equivocación
entender la libertad de un modo negativo, como indeterminación. Evidentemente, la idea de
indeterminación es una idea negativa. En cambio, el
concepto de libertad tiene que ser positivo. Pues bien: si alguien hubiese
resuelto hacer siempre lo mismo en condiciones idénticas, y si esta resolución
fuese renovada en cada caso, entonces no cabría
hablar de ninguna manera de indeterminación. Más
aún, podríamos estar completamente seguros - en la misma
medida en que fuese intensa tal determinación
- de como va a actuar el sujeto. Podríamos dudar, en la medida en que la
resolución de actuar siempre de acuerdo con una ley, y de
hacer lo mismo en condiciones idénticas, no fuese lo suficientemente firme, o
pudiésemos sospechar que alguna vez se
debilitará; pero en la medida en que esa
resolución es firme y es radicalmente renovable, en esa
medida podríamos decir que el operar de tal sujeto es
perfectamente previsible. Al tiempo habría
que decir que cuanto más
resuelto estuviese, y cuanto más
renovase la resolución, más
libertad habría. Dicho de otro modo: una conducta es
tanto más previsible, cuanto más
libre; lo cual quiere decir que una conducta es tanto más
libre cuanta más fe se pueda tener en que no se va a
desviar por situaciones externas o por motivaciones cualesquiera. Esa es la
fuerza que tiene la interpretación
de Max Scheler.
Resulta entonces que como Max Scheler examina la
libertad, hay una indeterminación
interna que hace indeterminable a la gente por condiciones externas. Y
paralelamente, una conducta humana es imprevisible en la medida en que es
caprichosa, y si es caprichosa quiere decir que esa conducta está determinada desde fuera de ella misma. Con lo cual
llegaríamos a una conclusión: que la libertad es efectivamente una capacidad de
autodeterminación. No es indeterminación, sino que es la ausencia o el estar por encima de
las determinaciones externas. Pero sólo se puede llegar a estar por encima de las
indeterminaciones externas si efectivamente hay algo inconmovible en la
conducta. Y ese carácter inconmovible tiene que dárselo la conducta a sí misma precisamente a partir de esa
culminación como la libertad puede crecer. Porque el
hecho de que sea la culminación
de lo psicofísico, no quiere decir que se límite a esa culminación
psicofísica, porque esa culminación
sería estática. Quiere decir que entonces es cuando se abre la
libertad: la libertad se abre a partir de lo psicofísico como su culminación, y a partir de ahípuede crecer, hasta el punto de que, cuando va
creciendo, puede volverse sobre lo psicofísico.
Por tanto, que la libertad esté encarnada significa dos cosas: por una parte que en
los niveles inferiores no habrá libertad; pero la libertad es el ápice, lo que completa la constitución, por tanto la libertad es lo personal en el
hombre. Pero no es un ápice estático, sino que se puede desplegar. Y al ser
susceptible de un crecimiento, entonces puede tener un carácter reflexivo y puede volver sobre la
constitución psico-física: por eso hay un dominio del hombre sobre su
cuerpo y sobre su psique, desde la libertad.
Por ejemplo, en la ascética cristiana se ve claro que la libertad vuelve
sobre su cuerpo, hasta el punto de que el fenomeno de la levitación, que es una de las maneras de evadirse de las
leyes de la gravedad, tiene incluso sentido como un fenómeno espiritual radicado en la misma
constitución psico-biológica. La levitación
es un fenómeno perfectamente controlable, del que
además existen casos bastante abundantes en nuestro
siglo, y por ahí se ve que la libertad puede crecer de
maneta insospechada.
La libertad situada
Veamos ahora otra cuestión: la libertad situada. Esto requiere una enorme
cantidad de explicaciones que no voy a desarrollar, referentes a todos los
problemas políticos de la libertad, que no afectan a la
libertad del individuo, sino al hombre como humanidad. Sobre esto han circulado
muchas ideologías marxistas, liberales, anarquistas, etc.,
y la doctrina social de la Iglesia.
Desde el punto de vista antropológico, a una libertad situada se la suele llamar
Mitwelt (Welt, mundo; mit, con). La libertad en el plano de la Mitwelt es mucho
más plástica y además
es una de las condiciones del ápice de la libertad, considerado en el orden
psicobiológico. No es cierto que la Mitwelt sea una
determinación externa, porque la Mitwelt es asumida,
asumida en corporación
absolutamente interna. Es perfectamente claro que en la acción humana los factores externos sociales
están incorporados desde dentro: por esto no es una
Umwelt la sociedad, no es un mundo circundante como pueda serlo el mundo
físico, sino que es un ser-con. En este ser-con, este
"con" no es simplemente un agregado, un añadido, sino lo que uno hace, lo que emana de un
individuo, lo que un individuo provoca, lo que inventa, lo que decide, y lo que
un individuo hace puede ser perfectamente asumido por otro, y asumido
desde él, no desde el otro. Esto - cualquiera que sepa
psicología diferencial lo verá perfectamente claro -, esto ocurre también en la infancia: un niño
no se hace desde su propio desarrollo somático o nervioso, se hace desde la Mitwelt que es la
familia. Y por eso las crisis de la Mitwelt son crisis nerviosas en definitiva,
de patología nerviosa, de psicopatología. Pero luego ocurre que, a partir de la Mitwelt,
tiene lo que los psicólogos llaman la Eigenwelt, que es el mundo propio,
el mundo interior. La interiorización
de la Mitwelt abre paso a la Eigenwelt. Y allí,
ya los modos de finitud anteriores son superables en un crecimiento.
La libertad trascendental
Pero aquí se adosa el tema de las concupiscencias. El mundo
propio efectivamente es propio, y el hombre lo puede alcanzar a través de un desarrollo que incluso se podría tomar como natural: un crecimiento natural desde
la Umwelt al ápice constitucional, del ápice constitucional a la interiorización de la Mitwelt situacional, social, y de
allí a la constitución
de la Eigenwelt, es decir, del mundo íntimo o del mundo propio. Pero lo que no se puede
hacer con este proceso es evitar la concupiscencia, y entonces si uno quiere
crecer, ¿como puede superar la concupiscencia? No hay
más que una solución
aquí, pero, claro, el que no es creyente no lo ve, y por
lo tanto allí se acaba su libertad. Solamente el que
tiene fe y se enfrenta con el tema de la concupiscencia puede superarla y
orientarse hacia lo que podríamos llamar generosidad pura. La
superación de la concupiscencia para un cristiano es la lucha
por alcanzar - y esto sí que es una lucha - la liberación
respecto de ese yo inerte que está incluido en mi misma intimidad, en mi misma
Eigenwelt, hasta donde ha podido crecer naturalmente la libertad, pero que no se
puede quitar de sí. Hay un proyecto de vida cristiana,
inexcusable para los cristianos, que es la lucha contra la concupiscencia. O si
se quiere, la constante rectificación
de la intención, que nunca se termina de
agotar.
Es en el orden de la gracia como el tema de las
concupiscencias puede ser afrontado, y en consecuencia puede crecer la libertad
en el mismo ámbito de la Eigenwelt, de la
intimidad.
Y, por último, la cuestión
de la creación. Esto plantea el tema de la libertad en
su última sección.
Si, efectivamente el hombre es capaz - para esto
tiene que superar las concupiscencias, o al menos luchar contra ellas - de amar
a Dios más que a sí,
o, para expresarlo de una manera un poco más
neutral: si el sentido de la vida del hombre es sin envidia, si el hombre
está dispuesto a recibirlo con plena aceptación, que es libertad, entonces el hombre alcanza por
fin a ser trascendentalmente libre. Entonces, con su libertad, el hombre no
solamente se autoes, sino, que se trasciende a sí mismo.
Volvamos a formular las cuestiones con que iniciamos
este análisis. ¿El hombre es libre?,¿puede crecer - hasta donde alcanza a crecer - el
hombre en su libertad? Al final, las dos cuestiones enfocadas afirmativamente
coinciden en lo mismo: la libertad es, en último término, no ya la capacidad de autohacerse, sino de
autotrascenderse. Y este autotrascenderse sólo es posible, cuando uno prefiere ser desde Dios, a
ser desde sí. Ese preferir es parte radical en el fondo
infinito de la libertad.
*** 3ª parte del texto que recoge una intervención de L. Polo en un coloquio organizado por alumnos de la Univ. de Navarra. La Persona Humana y su crecimiento. Pamplona: Eunsa, 1996.

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