Para este mes de febrero, tenemos una lectura muy interesante sobre la libertad, que nos recomienda D. Jesús. Hay terminología que realmente tiene cierta dificultad; pero así me empezó a enganchar la filosofía, buscando palabras que me resultaban desconocidas. Algo que nos supera, nos motiva más !!
Tenemos que leerlo despacio, porque es bastante denso. Como es un poco largo para publicar en un blog, lo he dividido en tres partes.
Este texto recoge una
intervención del autor en un coloquio organizado por
alumnos de la Universidad de Navarra. De ahí el tono coloquial de estas páginas.
La Libertad posible.
In La Persona Humana y su Crecimiento. Pamplona: Eunsa, 1996. p.37 (L. POLO)
In La Persona Humana y su Crecimiento. Pamplona: Eunsa, 1996. p.37 (L. POLO)
El asunto es la libertad. Me voy a poner pesimista
(pictóricamente, claro); y entonces voy a empezar con una
pregunta: ¿el hombre es libre? La segunda pregunta
sería: ¿el hombre es siempre igual de libre, cuenta siempre
con la misma libertad?
La libertad es algo que tiene también interés
desde el punto de vista de un progreso. No es simplemente una propiedad del
hombre, sino algo respecto de lo cual el hombre puede hacer algo.
Evidentemente la primera pregunta es radical. La
contestación: el hombre es libre, o no. Pero la
segunda pregunta puede parecer menos radical. Y en el fondo allí también
hay algo muy importante en juego, que es precisamente el interés de la libertad. Porque si dijéramos que el hombre es libre, pero después de esto, a la segunda pregunta contestáramos que el hombre es siempre igual de libre, la
libertad es una propiedad humana nativa, que no se desarrolla: entonces todos
los hombres son igualmente libres, históricamente no se puede aumentar la libertad, la
libertad es una simple propiedad de la voluntad: como tal es constitutiva, y
nada más. Pero si es constitutiva, o está o no está,
y si está, pues está.
Y entonces el interés
de la libertad desaparecería, entonces la libertad quedaría
fuera del progreso. Sería
simplemente una fuente, pero una fuente constante de los actos humanos. Y al ser
una fuente que no se acrecienta, resulta que el progreso que los actos humanos
podrían lograr sería
un progreso al margen de la libertad. Y si es un progreso marginal a la
libertad, entonces puede ser incluso un progreso enemigo de la
libertad.
Estas dos preguntas - y por eso me pongo pesimista -
no se pueden contestar de una manera satisfactoria. Mejor dicho, hay gente que
se atreve a afirmar las dos, esto es, a contestar afirmativamente las dos, que
el hombre es libre, y además
crecientemente libre: yo también
lo creo, pero como filósofo tengo que advertir que hay ciertas
dificultades; no está nada claro a primera vista que sea así. Hay muchos signos, muchos hechos que nos llevan a
una especie de desesperanza respecto de la contestación
afirmativa de estas dos preguntas.
Vamos a ver cuáles son las dificultades respecto a la primera
cuestión: si el hombre es libre o no. Estas dificultades
que vamos a ponernos desde un punto de vista vital, podríamos llamarlas las actitudes, los sentimientos que
actualmente se adoptan respecto a la libertad, respecto a la cuestión de si el hombre es libre o no es libre. La
enumeración de estas dificultades procede del
profesor Arellano.
Aspiración a la libertad
Ante todo se puede advertir en la humanidad, en el
hombre actual, lo que podríamos llamar la actitud de aspiración a la libertad. Se quiere ser más libre. O, mejor dicho, se quiere ser libre. Se
aspira a la libertad, se toma la libertad como una meta, como algo que
todavía no se tiene y que sin embargo se desea.
Esto es ya una dificultad respecto a la primera
cuestión. Porque si se aspira a la libertad, se
está afirmando simplemente que no se tiene. Se aspira a
la libertad, no se tiene libertad. Entonces lo que pasa en el mundo es que no se
sabe lo que es la libertad, se aspira a la libertad de una manera muy vaga: esto
lo voy a desarrollar con un poco de valor experiencial.
Efectivamente hay muchas personas que creen que no
son libres pero aspiran a serlo, pero no saben exactamente lo que quiere decir
ser libre. La libertad se presenta como un ideal cuyo contenido, cuyos
contornos, son extremadamente imprecisos. Ansiar la libertad es una actividad
vital frente a la libertad muy extendida. En los jóvenes se nota claramente que no se consideran
libres, pero quieren serlo. Se ponen revolucionarios o algo así. Existen también
minorías que tienen una sensación
de no tener libertad, de estar en esclavitud, de que la libertad es algo que por
el momento no se tiene.
Pero ¿en qué consiste esa libertad, qué se nota en su valor positivo, exactamente
qué es ser libre? No se sabe, claro,
porque, ¿cómo se va a saber? Solamente se puede saber
quésignifica ser libre siéndolo. Porque la libertad no se conoce como se puede
conocer un objeto cualquiera. La libertad se conoce ejerciéndola; si no se ejerce, no se sabe. Por lo tanto, en
cuanto aparezca una actitud de ansia a la libertad, evidentemente
allá va implícita una percepción
extraordinariamente confusa de lo que la libertad sea. Prueba de esto es que esa
aspiración a la libertad normalmente suele terminar
desvaneciéndose, o termina en unas situaciones que
enúltimo término no son más
que desorden: no son libertad, sino desorden.
La negación de la libertad.
También
se niega la libertad. Eso, ¿por qué?
Porque a veces, cuando se ha hecho la experiencia o una experiencia controlada
de la libertad se ha terminado en una constatación
de que la libertad no es un valor tan positivo como parecía, sino que es un valor muy relativo, y en ciertos
modos un disvalor o un antivalor. Esto es característico de, por ejemplo, el pensamiento
existencialista y también
de algunas formas de psicoanálisis. Algunos existencialistas piensan que estamos
condenados a ser libres, y que no tenemos más
remedio que cargar con nuestro propio existir en el sentido de tenerlo que hacer
(que es lo que significaría
la libertad en su propio concepto). El hombre se tiene a sí mismo como tarea, y por tanto tiene que cargar con
su propio ser. Y ese cargar con su propio ser, asumiendo su propio ser en una
dirección o en otra, es la libertad. La libertad
está grabada radicalmente por uno mismo, y entonces en
vez de ser una cosa excelente, alegre, brillante, es todo lo contrario: es una
especie de tarea asumida, como una tarea agotadora. El que tiene que realizarse
a sí mismo con sus propios contados recursos. Y
además esta realización
depende de él mismo, se tiene que autorrealizar, y aqui
está, en esta autorrealización, la libertad imprimida como un valor a medias. Por
lo tanto se llega a tener un cierto miedo a la libertad, más
que miedo una valoración
que no es enteramente positiva. La libertad es una desgracia, sería mejor no ser libre, porque al menos, si uno no
tuviera esa libertad, entonces estaría
exento de esa tremenda tarea de autorrealizarse.
Otra actitud que aparece respecto a la libertad es
lo que podríamos llamar la desesperación. La libertad desespera. No se trata ya de
valorarla negativamente en el sentido de que ser libre significa existir en unas
condiciones de extrema dureza. Sería
mejor ser como una hormiga, simplemente seguir el cauce de la vida, sin tener
que preocuparse de nada. Ser libre es preocuparse y esto ya es algo
negativo.
La libertad inútil
Pero hay también otra tercera posible actitud, que puede coexistir con las otras, y puede mezclarse con ellas. Decir que la libertad no sirve para nada, que es rotundamente inútil. Eso no es exactamente negar la libertad por la consideración no positiva de la libertad: la libertad como desgracia es porque yo tengo inexorablemente que asumir la tarea de autorrealizarme, y, claro, sería preferible estar exento de esa tarea. Pero si es posible que uno asuma esa tarea de autorrealizarse, se afirma que esa tarea tiene algún sentido, que tiene alguna posibilidad de ser llevada a cabo. Por lo tanto no es que la libertad sea inútil: es difícil, es incómoda, uno está condenado a ella, pero estar condenado a ella no quiere decir que con la libertad no se consigue algo. Pero también cabe pensar, cabe sentir, cabe experimentar que la libertad no sirve para nada: esto no ocurre con excesiva intensidad, pero a veces aparece. La libertad, ¿para qué sirve?, ¿qué interés tiene?, ¿es que por ser libres vamos a conseguir algo? Somos libres efectivamente, pero que seamos libres no significa nada desde el punto de vista de realización. Se renuncia a seguir, no porque la libertad sea un valor negativo, sino porque carece de significación.
Cabe también la tristeza ante la libertad, que no es lo anterior, es otra cosa, otro matiz. ¿En qué consiste si la ponemos en relación con las actitudes anteriores? Podríamos decir que la tristeza ante la libertad consiste en renunciar a la libertad: porque esta aspiración nunca se va a alcanzar. O bien uno va a estar empleándose toda la vida, pero para terminar en el fracaso radical. A lo mejor hay algo que no depende de la libertad propia, que depende de otra cosa, de unas circunstancias exteriores a uno, y por esto, al final, después de haber realizado un gran trabajo para ser libre o para conseguir la libertad, resulta que todos esos trabajos no sirven para nada, se desvanecen. Está el famoso pensamiento de Sartre: aquel no tiende a ser más sino lo que ha sido hecho. Ese es el carácter existencial y gravoso de la libertad. Pero, ¿qué pasa después de que uno se ha hecho? Pues que queda deshecho, porque viene la muerte tan callando, y se acabó. Es la tristeza, ante la libertad: porque uno ha hecho una cosa, que resulta que, al final, se nos escapa.
Pero hay también otra tercera posible actitud, que puede coexistir con las otras, y puede mezclarse con ellas. Decir que la libertad no sirve para nada, que es rotundamente inútil. Eso no es exactamente negar la libertad por la consideración no positiva de la libertad: la libertad como desgracia es porque yo tengo inexorablemente que asumir la tarea de autorrealizarme, y, claro, sería preferible estar exento de esa tarea. Pero si es posible que uno asuma esa tarea de autorrealizarse, se afirma que esa tarea tiene algún sentido, que tiene alguna posibilidad de ser llevada a cabo. Por lo tanto no es que la libertad sea inútil: es difícil, es incómoda, uno está condenado a ella, pero estar condenado a ella no quiere decir que con la libertad no se consigue algo. Pero también cabe pensar, cabe sentir, cabe experimentar que la libertad no sirve para nada: esto no ocurre con excesiva intensidad, pero a veces aparece. La libertad, ¿para qué sirve?, ¿qué interés tiene?, ¿es que por ser libres vamos a conseguir algo? Somos libres efectivamente, pero que seamos libres no significa nada desde el punto de vista de realización. Se renuncia a seguir, no porque la libertad sea un valor negativo, sino porque carece de significación.
Cabe también la tristeza ante la libertad, que no es lo anterior, es otra cosa, otro matiz. ¿En qué consiste si la ponemos en relación con las actitudes anteriores? Podríamos decir que la tristeza ante la libertad consiste en renunciar a la libertad: porque esta aspiración nunca se va a alcanzar. O bien uno va a estar empleándose toda la vida, pero para terminar en el fracaso radical. A lo mejor hay algo que no depende de la libertad propia, que depende de otra cosa, de unas circunstancias exteriores a uno, y por esto, al final, después de haber realizado un gran trabajo para ser libre o para conseguir la libertad, resulta que todos esos trabajos no sirven para nada, se desvanecen. Está el famoso pensamiento de Sartre: aquel no tiende a ser más sino lo que ha sido hecho. Ese es el carácter existencial y gravoso de la libertad. Pero, ¿qué pasa después de que uno se ha hecho? Pues que queda deshecho, porque viene la muerte tan callando, y se acabó. Es la tristeza, ante la libertad: porque uno ha hecho una cosa, que resulta que, al final, se nos escapa.

Pienso que la libertad es una herramienta imprescindible para.llegar a la felicidad, pero no la única imprescindible, ya que pienso que el interés de la libertad es conseguir que el hombre sea feliz, para ello no debe trabajar sola ya que necesita una gui como un libro de instruciones., ese libro deinstruciones es la ley natural impresa en el hombre, su conciencia. En mi opinión si tu tienes un móvil de ultima generación, necesitas saber como funciona para que te de el avío que necesitas, tu puedes teclear con libertad, pero si lo haces equivocadamente, el móvil llega a bloquearse y no funciona y no consigues nada. Has sido libre, pero no sirvió de nada ya que estropeastes el móvil porque no tenias conocimiento de cuales son las leyes que hace que el móvil funcione y seas feliz poniendo mensajes o bien leyendo paginas tan estupendas como este bolg.
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